Reuniones en septiembre 2020

Miércoles 2 de septiembre



Miércoles 9 de septiembre



Miércoles 16 de septiembre

Material utilizado por Melina: Normas Generales

Miércoles 23 de septiembre


Y las sesiones en línea siguen en agosto


Miércoles 04 junio 2020  

Miércoles 10 junio 2020

Miércoles 17 junio 2020



Miércoles 8 julio 2020



Miércoles 5 agosto 2020


Miércoles 12 de agosto


Miércoles 19 de agosto


Miércoles 26 de agosto


El seguimiento de Jesús hoy - Pedro Trigo sj

¿Se puede ser católico y no seguir a Jesús?


Tema: El seguimiento de Jesús hoy.
Escuela de Teología y Ministerio del Boston College

El "Examen Diario" durante el Covid-19

El Examen es un método tradicional de conciencia de oración que constituye una base de la espiritualidad ignaciana y la educación jesuita. Es una forma breve y fácil de reflexionar sobre tu día y ser más consciente de dónde sientes la gracia o la bondad y en qué aspectos de tus acciones y de tu vida hay margen para el crecimiento. Especialmente en tiempos de incertidumbre y cambios repentinos, es esencial dedicar tiempo a la reflexión.

De lo que la gente no suele darse cuenta es de que el Examen es excepcionalmente flexible y adaptable. Se puede usar para repasar tu día o se puede adaptar para concentrarse en un tema o planteamiento específico. Así que a la luz de las nuevas circunstancias en las que muchos de nosotros nos encontramos con el COVID-19, es conveniente adaptar el Examen a esta situación excepcional.

Tómate un momento para instalarte. Respira profundamente. Ponte cómodo. Como una roca que se asienta en el fondo de un lago después de que la lancen, asiéntate.

1. Reconoce cómo te sientes en este momento. Si te resulta difícil mantener la calma, reconócelo. Si te sientes frustrado o estresado, reconócelo. Dios quiere estar presente en todos los ámbitos de nuestras vidas, no solo en los momentos fáciles o serenos.

2. Pide luz y entendimiento mientras te preparas para repasar tu día. Para algunos, esa luz puede presentarse como un sentimiento de lo Divino. Para otros, es desde un profundo sentimiento de tu verdadero ser.

3. Tómate un momento para pensar en qué impacto ha tenido el COVID-19 en tu vida. Incluso cuando se nos pide que nos distanciemos socialmente, pregúntate qué relaciones te resultan gratificantes.

¿Quién te hace sentirte enraizado y conectado con Dios?

4. Los problemas de salud pública nos hacen reconocer lo interrelacionadas que están nuestras vidas con otras personas de la sociedad. Nos pueden ayudar a darnos cuenta de las personas que a menudo decidimos no ver o con las que no nos ponemos en contacto.

¿Hay alguna persona o grupo de personas especialmente afectadas por el COVID-19 que a menudo decides no ver o con las que no te pones en contacto normalmente?
¿De qué relaciones con los demás estás siendo más consciente?
¿A quién sueles recurrir y con quién te relacionas normalmente?
¿A quién evitas o te niegas a ver?


Si puedes, imagina las caras de estas personas.

¿Qué relaciones das por sentadas en tu vida? ¿Qué relaciones son las que más te influyen?

5. Observa las emociones que sientes cuando piensas en estas personas sin juzgar o analizar en exceso. Simplemente reconócelas, presta atención y escucha donde Dios pueda estar hablando.

6. Al pensar en las formas en que nos relacionamos o no los unos con los otros, elige una relación (o su ausencia) que parezca importante, relevante, o que se manifieste como la más fuerte. Haz una pausa y reflexiona sobre dónde te invitan a crecer desde ese momento. Si eres una persona de fe, tómate un momento para rezar con ella.

7. Dios nos dotó de una creatividad e imaginación ilimitadas. Incluso en este periodo de separación y posible aislamiento, ¿cuál es una forma de mantener una relación importante con los demás, ya sea directamente, a través de la tecnología, o con un planteamiento y atención intencionales?

Respira profundamente y tómate un momento de tranquilidad. Cuando estés listo, vuelve a tu día.
Tomado de: Jesuitas Conferencia de Provinciales en América Latina y el Caribe (CPAL)  https://jesuitas.lat/es/noticias/1960-el-examen-diario-durante-el-covid-19

Una Cuaresma y una Pascua en tiempos de Covid-19

La Gracia y el Amor nos reúnen de distintas maneras.

Miércoles 1 de abril 2020

Miércoles 8 de abril 2020

Sábado 11 de abril 2020

Miércoles 15 de abril del 2020

Miércoles 23 de abril 2020

Miércoles 29 de abril

Miércoles 06 de mayo

Miércoles 13 de mayo


Miércoles 20 de mayo
Miércoles 28 de mayo


Evangelio del 28 de Enero del 2018

Domingo 4 Tiempo ordinario – B (Marcos 1,21-28)

CURADOR

Según Marcos, la primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaún. Es una escena sobrecogedora, narrada para que, desde el comienzo, los lectores descubran la fuerza curadora y liberadora de Jesús.

Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseñan oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.

La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos un Dios bueno.

De pronto, un hombre se pone a gritar: «¿Has venido a destruirnos?». Al escuchar el mensaje de Jesús se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un «espíritu inmundo», hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañinas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios bueno que anuncia Jesús?

Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal y grita: «¡Cállate y sal de este hombre!». Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.

El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu «lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él». Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.

No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curarnos liberándonos de un Dios opresor.

Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor de Dios, no hacia el sometimiento ciego a la Ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento. Jesús cura porque nos enseña a vivir solo de la bondad, el perdón y el amor, que no excluye a nadie. Sana porque nos libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.
José Antonio Pagola

Reflexión tomada de: Buenas Noticias en los Grupos de Jesús (http://www.gruposdejesus.com/buenanoticia)

Evangelio del 21 de Enero del 2018

Domingo 3 Tiempo ordinario – B (Marcos 1,14-20)

OTRO MUNDO ES POSIBLE

No sabemos con certeza cómo reaccionaron los discípulos del Bautista cuando Herodes Antipas lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte. Conocemos la reacción de Jesús. No se quedó en el desierto. Tampoco se refugió entre sus familiares de Nazaret. Comenzó a recorrer las aldeas de Galilea predicando un mensaje original y sorprendente.

El evangelista Marcos lo resume diciendo que «marchó a Galilea proclamando la buena noticia de Dios». Jesús no repite la predicación del Bautista ni habla de su bautismo en el Jordán. Anuncia a Dios como algo nuevo y bueno. Este es su mensaje.

«Se ha cumplido el plazo»

El tiempo de espera que se vive en Israel ha acabado. Ha terminado también el tiempo del Bautista. Con Jesús comienza una era nueva. Dios no quiere dejarnos solos ante nuestros problemas, sufrimientos y desafíos. Quiere construir junto con nosotros un mundo más humano.

«Está llegando el reino de Dios»

Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: «Ya está aquí Dios, con la fuerza creadora de su justicia, tratando de reinar entre nosotros». Jesús experimenta a Dios como una Presencia buena y amistosa que está buscando abrirse camino entre nosotros para humanizar nuestra vida.

Por eso toda la vida de Jesús es una llamada a la esperanza. Hay alternativa. No es verdad que la historia tenga que discurrir por los caminos de injusticia que le trazan los poderosos de la tierra. Es posible un mundo más justo y fraterno. Podemos modificar la trayectoria de la historia.

«Convertíos»

Ya no es posible vivir como si nada estuviera sucediendo. Dios pide a sus hijos colaboración. Por eso grita Jesús: «Cambiad de manera de pensar y de actuar». Somos las personas las que primero hemos de cambiar. Dios no impone nada por la fuerza, pero está siempre atrayendo nuestras conciencias hacia una vida más humana.

«Creed en esta buena noticia»

Tomadla en serio. Despertad de la indiferencia. Movilizad vuestras energías. Creed que es posible humanizar el mundo. Creed en la fuerza liberadora del Evangelio. Creed que es posible la transformación. Introducid en el mundo la confianza.

¿Qué hemos hecho de este mensaje apasionante de Jesús? ¿Cómo lo hemos podido olvidar? ¿Con qué lo hemos sustituido? ¿En qué nos estamos entreteniendo si lo primero es «buscar el reino de Dios y su justicia»? ¿Cómo podemos vivir tranquilos observando que el proyecto creador de Dios de una tierra llena de paz y de justicia está siendo aniquilado por los hombres?
José Antonio Pagola

Reflexión tomada de: Buenas Noticias en los Grupos de Jesús (http://www.gruposdejesus.com/buenanoticia)

Cena CVX - 16 de Enero del 2018



El martes 16 de Enero, tuvimos la visita de Muna, Ismael Cipriano y Jorge Ochoa SJ.
Gracias por compartir con nosotros el pan y el corazón.


Evangelio del 14 de Enero del 2018

Domingo 2 Tiempo ordinario – B (Juan 1,35-42)

¿QUÉ BUSCAMOS?

Las primeras palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de Juan nos dejan desconcertados, porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida. A dos discípulos del Bautista que comienzan a seguirlo Jesús les dice: «¿Qué buscáis?».

No es fácil responder a esta pregunta sencilla, directa, fundamental, desde el interior de una cultura «cerrada» como la nuestra, que parece preocuparse solo de los medios, olvidando siempre el fin último de todo. ¿Qué es lo que buscamos exactamente?

Para algunos, la vida es «un gran supermercado» (D. Sölle), y lo único que les interesa es adquirir objetos con los que poder consolar un poco su existencia. Otros lo que buscan es escapar de la enfermedad, la soledad, la tristeza, los conflictos o el miedo. Pero escapar, ¿hacia dónde?, ¿hacia quién?

Otros ya no pueden más. Lo que quieren es que se les deje solos. Olvidar a los demás y ser olvidados por todos. No preocuparse por nadie y que nadie se preocupe de ellos.

La mayoría buscamos sencillamente cubrir nuestras necesidades diarias y seguir luchando por ver cumplidos nuestros pequeños deseos. Pero, aunque todos ellos se cumplieran, ¿quedaría nuestro corazón satisfecho? ¿Se habría apaciguado nuestra sed de consuelo, liberación y felicidad plena?

En el fondo, ¿no andamos los seres humanos buscando algo más que una simple mejora de nuestra situación? ¿No anhelamos algo que, ciertamente, no podemos esperar de ningún proyecto político o social?

Se dice que los hombres y mujeres de hoy han olvidado a Dios. Pero la verdad es que, cuando un ser humano se interroga con un poco de honradez, no le es fácil borrar de su corazón «la nostalgia de infinito».

¿Quién soy yo? ¿Un ser minúsculo, surgido por azar en una parcela ínfima de espacio y de tiempo, arrojado a la vida para desaparecer enseguida en la nada, de donde se me ha sacado sin razón alguna y solo para sufrir? ¿Eso es todo? ¿No hay nada más?

Lo más honrado que puede hacer el ser humano es «buscar». No cerrar ninguna puerta. No desechar ninguna llamada. Buscar a Dios, tal vez con el último resto de sus fuerzas y de su fe. Tal vez desde la mediocridad, la angustia o el desaliento.

Dios no juega al escondite ni se esconde de quien lo busca con sinceridad. Dios está ya en el interior mismo de esa búsqueda. Más aún. Dios se deja encontrar incluso por quienes apenas le buscamos. Así dice el Señor en el libro de Isaías: «Yo me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por mí. Me he dejado hallar por quienes no me buscaban. Dije: “Aquí estoy, aquí estoy”» (Isaías 65,1-2).
José Antonio Pagola
Reflexión tomada de: Buenas Noticias en los Grupos de Jesús (http://www.gruposdejesus.com/buenanoticia)

Evangelio del 7 de Enero del 2018

Bautismo del Señor – B (Marcos 1,7-11)

EL ESPÍRITU DE JESÚS

Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban «cerrados». Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.

Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: «Ojalá rasgaras el cielo y bajases».

Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios, que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús, no con agua, sino con su Espíritu.

Sin ese Espíritu, todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece, la fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta, el amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu, la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias pastorales lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús.

No hemos de engañarnos. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual, tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza.
José Antonio Pagola
Reflexión tomada de: Buenas Noticias en los Grupos de Jesús (http://www.gruposdejesus.com/buenanoticia)

Evangelio del 6 de Enero del 2018

Epifanía del Señor – B (Mateo 2,1-12)

ORIENTARNOS HACIA DIOS

No hay técnicas ni métodos que conduzcan de forma automática hacia Dios. Pero sí hay actitudes y gestos que nos pueden disponer a las personas a prepararnos al encuentro con él. Más aún. Las palabras más bellas y los discursos más brillantes sobre Dios son inútiles si cada uno no nos abrimos él. ¿Cómo?

Lo más importante para orientarnos hacia Dios es invocarlo desde el fondo del corazón, a solas, en la intimidad de la propia conciencia. Es ahí donde uno se abre confiadamente al misterio de Dios o decide vivir solo, de forma atea, sin Dios. Pero ¿se puede invocar a Dios cuando uno no cree en él ni está seguro de nada? Carlos de Foucauld y otros no creyentes iniciaron su búsqueda de Dios con esta invocación: «Dios, si existes, muéstrame tu rostro». Esta invocación humilde y sincera en medio de la oscuridad es, probablemente, uno de los caminos más puros para hacernos sensibles al misterio de Dios.

Para orientarnos hacia Dios también es importante eliminar de la propia vida aquello que nos está impidiendo encontrarnos con él. Si uno, por ejemplo, tiene la pretensión de saberlo todo y de haber comprendido ya el misterio último de la realidad, del ser humano, de la vida y de la muerte, es difícil que busque de verdad a Dios. Si uno vive encogido por diferentes miedos o hundido en la desesperanza, ¿cómo se abrirá con confianza a un Dios que lo ama sin fin? Si alguien se encierra en su propio egoísmo y solo siente desamor e indiferencia hacia los demás, ¿cómo podrá abrirse a un Dios que es solo Amor?

Para orientarnos hacia Dios es importante mantener el deseo, perseverar en la búsqueda, seguir invocando, saber esperar. No hay otra forma de caminar hacia el Misterio de quien es la fuente de la vida. El relato de los magos destaca de muchas formas su actitud ejemplar en la búsqueda del Salvador. Estos hombres saben ponerse en camino hacia el Misterio.
  • Saben preguntar humildemente,
  • superar momentos de oscuridad,
  • perseverar en la búsqueda
  • y adorar a Dios encarnado en la fragilidad de un ser humano.

José Antonio Pagola
Reflexión tomada de: Buenas Noticias en los Grupos de Jesús (http://www.gruposdejesus.com/buenanoticia)

Por las minorías religiosas en Asia - Video del Papa



A veces pensamos que ser cristiano es difícil. Pero hay lugares donde lo es mucho más que en otros, como en Asia. Aquí el cristianismo es una minoría y, como otras minorías religiosas, sufre a menudo persecuciones. Pidamos para que todas las religiones, también las minoritarias, encuentren la libertad que a veces hoy no tienen en el continente asiático.

“En el variado mundo cultural de Asia la Iglesia afronta muchos retos y su tarea resulta aún más difícil por el hecho de que constituye una minoría. Estos retos son compartidos con otras tradiciones religiosas minoritarias a las que nos une un deseo de sabiduría, verdad y santidad. Cuando pensamos en el sufrimiento de los que son perseguidos por su religión, vamos espontáneamente más allá de las distinciones de rito o de confesión: nos ponemos del lado de los hombres y mujeres que luchan por no renunciar a su identidad religiosa. Pidamos por todos ellos para que, en los países asiáticos, los cristianos, como también las otras minorías religiosas, puedan vivir su fe con toda libertad.”

Por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración - http://www.oraciondelpapa.net).

Tomado del sitio El Video del Papa, una iniciativa de la Red Mundial de Oración para la difusión de las intenciones mensuales del Papa Francisco para los desafíos de la humanidad.